16 de octubre de 2011

El día de la Madre

El Día de la Madre es otra de las fechas "especiales" en mi vida desde el momento en que conocí mi verdadera identidad. En estas fechas, uno tiene muy pocos motivos para festejar.

Llamar a mi abuela materna (la única que me queda) para felicitarla por ser madre es una formalidad que a ambos nos duele. Ella, hace más de treinta años que no ve a su hija y no sabe que fue lo que pasó con ella;
yo, no tengo ningún recuerdo de esa madre que me tuvo en su vientre durante casi 9 meses. Que tuvo que parirme en el sótano de un centro clandestino de detención. Una heroína.

A Patricia, mi mamá, sólo le permitieron cumplir su rol por unos tres o cuatro días... Entonces, ¿de qué festejo podía yo escribir o hablar?

Pero una persona entró en mi vida, allá por el 2002. Una persona con una forma de ser muy especial. Mi esposa, Cintia, un ser lleno de luz. Una de las personas más buenas que conozco, siempre con una sonrisa en los labios y una risa explosiva siempre a punto de escapar. Uno de los seres más sensibles, poseedora de dulzura y ternura inigualables.

La conozco desde chica, creo que tenía dieciocho años cuando nos conocimos. El proceso que afrontó desde esa edad hasta hoy es incomparable: de ser una adolescente ingenua y distraída pasó a ser una madre ejemplar, con todo lo que ello significa. El amor que le da a nuestros hijos y la forma en que ellos la aman me da el preciso enfoque de cómo me hubiera gustado que sea mi propia madre conmigo. Siempre encuentra la manera apropiada de calmar con una caricia el dolor y mis hijos no se sienten más seguros y protegidos en ningún otro lugar del universo que no sea en sus brazos. Los defiende como una verdadera leona: los mima, los malcría, les enseña, los educa. En cada gesto, minúsculo o no, se nota todo el amor que tiene para ellos.

El Día de la Madre es, hoy, también su día. Y no queda nadie en esta tierra, para mí, con más cualidades que ella para felicitarla.

Feliz día, amor. Estoy orgulloso de vos. Te amo con locura y admiración.

19 de junio de 2011

Mis días del Padre

El Día del Padre no tuvo ninguna importancia para mí durante gran parte de mi vida, sencillamente porque quien yo pensaba que era mi padre nunca asumió esa responsabilidad. Para él, ser padre era venir una vez por mes con 230 pesos que un juez le obligaba a pasarme.

En el año 2000 todo empeoró. Supe que la vida me había dado un padre (que no era quien yo creía), pero que la dictadura me lo había arrebatado. No voy a conocerlo jamás y ni siquiera tengo la certeza de que me haya llegado a conocer. A partir de ese momento, esta celebración - el Día del Padre - se tiñó de gris. Tristeza infinita es la que abarca mi alma.

Por suerte y sin embargo, la vida me deparaba algo más que penurias. A lo largo de estos once años fui conociendo personas que, si bien no reemplazan a mi verdadero padre, son como padres elegidos. Me gusta pensar que la personalidad de mi Papá está hecha con retazos de ellos: Diego, Godofredo, José y Carlos. Ellos no sólo me apañan y malcrían, sino que también me cagan a pedos cuando me equivoco y SIEMPRE están para mi.

Pero eso no es todo: la vida sigue pagando por lo que me quitó. Hoy el Día del Padre es MI día, gracias al amor de mi vida, Cintia, que me dio dos hermosos hijos, que son mis soles. Ellos le trajeron luz a una celebración que siempre fue signada por la oscuridad y la tristeza.

Gracias a todos los nombrados, por formar parte de mi vida.
Al resto de los Padres les deseo lo mejor en su día, y a los que no lo tienen, que están en la misma situación que yo, estoy seguro de que ellos estarían orgullosos de todos ustedes.