23 de septiembre de 2012

Un domingo que no fue

La mundanidad indica que los domingos son de y para la familia. Desde mi destierro en el conurbano veo la humareda de las parrillas que se preparan para uno de los rituales más argentinos que existen: el asado. Esas columnas blancas indefectiblemente me transportan a un universo imaginario, sin orfandad.

En esa fantasía soy sólo un niño y ayudo a mi papá a encender el fuego. Maricel y mi mamá se están ocupando de los quehaceres domésticos y de la ensalada de papa y huevo.
Mientras las chispas de carbón van subiendo se acerca mi hermana, me toma la mano y me aparta unos centímetros del fuego, lo suficiente como para que no me alcancen las chispas, pero no tanto como para que yo haga un berrinche. Mi viejo nos mira y sonríe a Maricel de manera cómplice.

Yo debería vestir una camiseta de Racing y estar impaciente por ir a la cancha a ver al equipo,  que se encuentra a poco de ganar un torneo por primera vez después de veinte años. Seguramente el fútbol hubiera sido algo para compartir entre padre e hijo.

Y de repente, la ilusión desaparece. El fútbol no fue nunca algo que le interesara a mi apropiador. Él es de Boca; yo salí de River. Jamás me compró ni un par de medias con los colores de mi equipo, tampoco fuimos a la cancha. Ni siquiera recuerdo si miramos un partido por la televisión en los veintiún años que duró su gran mentira.

21 de septiembre de 2012

...Septiembre no es poesía... ♪♫

Para la gente común y normal -en especial normal- los 21 de Septiembre comienza la primavera (u otoño, según la parte del globo en que se viva) y si sos Argentina/o se festeja el Día del Estudiante. 

Sólo en el excepcional caso de que fueras el maldito bastardo y a partir del 2004, podés festejar también el día en que entraste a los tribunales de Comodoro Py con un nombre (falso) y saliste con otro (el verdadero). Casi nada.

A la salida, con una terrible confusión en mi cabeza, fui a trabajar por primera vez al que aun hoy es mi laburo.

19 de septiembre de 2012

Solo

"¿Por qué a mí?", me pregunté durante muchísimo tiempo, sin obtener respuesta alguna. La autocompasión puede hacer desastres. "Debo haber sido un hijo de puta en mi vida anterior y lo estoy pagando en esta!", es otra de las frases que más rondaba mis pensamientos. Y así arrancaba un eterno lamento.

Desde que todo esto empezó - el 27 de Abril del 2000 - hasta hoy, he transitado un largo y difícil camino. No puedo dejar de recalcar que yo no estaba buscando ni mi verdadero origen ni mi identidad; yo me creía toda la mentira que era -ni más ni menos- toda mi vida hasta ese momento.

He estado triste. A veces abatido. Otras tantas resignado y una gran parte de ellas, negado. Hoy miro la vida de otra manera. He llorado pocas veces pero a mares. De todas esas veces, la más antigua que recuerdo fue en Marzo del 2001.

El 8 de Febrero de ese año, la justicia detenía preventivamente a mi apropiador. Era un jueves y las Abuelas daban a conocer que me habían encontrado. Yo trabajaba como vendedor en un local de indumentaria deportiva en el Shopping Soleil. Se me venía el mundo abajo. Recién en ese momento terminaba de tomar conciencia de la verdadera magnitud de los hechos y sus posibles consecuencias. Me importaba él, no lo voy a negar, pero si tenía que elegir prefería preservarla a ella. Viví toda mi vida con ella, era lógico que me aferrara: esa mujer que me ocultó que yo no era su hijo era a quien yo llamaba "mamá". Tenía miedo por ella y ese miedo iba tomando forma de culpa. 

A los pocos días presenté mi renuncia con fecha 28 de Febrero del mismo año. Ya no podía ni sonreír, mucho menos vender ni un par de medias. 

Un sábado de marzo, ya desempleado y en mi casa, me acerqué a ella para hablarle de una vez por todas de lo que estaba por venir. Todavía hoy creo que ella no quería admitir cuál era el próximo paso: su detención.

De toda esta trama sólo estaban al tanto un puñado de personas: unos ex compañeros de mi anterior trabajo, la que era mi novia en esa época y Martín. Mi apropiadora no quería que nadie supiera de todo esto; siempre fue una persona a la que le importaba el "qué dirán" y yo veía que el futuro se venía cada vez más negro. Ante cada intento mío de avanzar sobre el tema, ella se encerraba más. Contestaba con resignación. Yo me sentía con una culpa inmensa y muy vulnerable, necesitaba que alguien me dijera que todo esto era un sueño, que nada era verdad, que todo iba a estar bien y que no estaría solo. Así me sentía: solo. Y de repente caí en cuenta de que, cuando a ella la detuvieran, así me iba a quedar. 

Exploté en llanto y a los gritos le dije que reaccionara. Le exigí que se comportara de manera adulta y que se hiciera cargo de las consecuencias de sus actos y entre sollozos y lágrimas le pedí que se ocupara, al menos por última vez, de mí, como la madre usurpadora que fue y nunca debió haber sido. 

            -No me obligues a quedarme solo en esta casa. Solo sin nadie. ¡No tengo a nadie y a vos te van a meter presa! - le dije y seguí:
            -Dejame contarle a la mamá de Martín. No quiero ver a mi verdadera familia, ni a la tuya, pero tampoco quiero quedarme solo. Nunca estuve solo. ¿Tengo miedo y vos pretendes que afronte todo esto solo?

Se quedó muda. Se sentó al borde de su cama mirando a la nada mientras yo no paraba de llorar. Levantó el teléfono y llamó a Gladys. 

Ese gesto, el de por fin dejar de lado el orgullo en busca de no dejarme solo, sin que importara la opinión de los demás, es uno de los últimos que recuerdo en los que actuó como madre.  Me remite a mi infancia, cuando nada me preocupaba, porque estaba ella para cuidarme.

Ese día volví a sentirme un nene. Y fue la última vez que me sentí así. 


14 de septiembre de 2012

El hijo de...

"...Sé de dónde vengo, sé dónde voy

por eso sé dónde estoy,

y no me avergüenza lo que soy
Sé cuál es mi lugar, y a dónde pertenezco
lo que no me corresponde y lo que merezco



Soy sangre de mi sangre, y soy mis costumbres,

Soy mis hábitos y códigos y mis incertidumbres
Soy mis decisiones y mis elecciones
Soy mis acciones, solo y en la muchedumbre



Soy mis creencias y mis carencias,

soy mi materia y mi esencia
Soy mi presencia y mi ausencia,
mi conciencia y mi apariencia
Soy mi procedencia



Soy mi herencia y mi experiencia

Soy mi pasado y mi vigencia
y esa vivencia es la referencia
que con otros me une y me diferencia..."


El hijo de Hernandez - Cuarteto de Nos

13 de septiembre de 2012

Algún día...

Buenos Aires, 28 de octubre de 1986

Querido hermano:

Cuando supe de tu existencia me invadió una profunda alegría, pero también me sentí triste por no tenerte a mi lado.
Te cuento que yo soy Maricel, tu hermana.
Te deseo feliz cumpleaños. El 15 de noviembre cumplís 8 años y todavía no te conozco!
Todos en casa están bien y te esperan ansiosos.
Mamá y Papá no están: viven en una estrellita de fantasía y desde allí nos cuidan.
Solo hay una cosa mas que te quiero decir: volvé Rodolfo, volvé !

Te extraño mucho y te quiero.

Un abrazo grande.

Maricel

"Algún día..." Poemas y Prosa. Abuelas de Plaza de Mayo. Agosto de 1990



La carta llegó tarde. Tardísimo. Te parece mal si la contesto hoy, pero como si estuviera a punto de cumplir mis 8 años?

Hola hermanita. Yo estoy viviendo en San Luis, escapando nuevamente del que dice ser mi padre para que no mate a golpes a quien dice ser mi madre.
Soy un nene común y corriente, que proviene de la Capital. A mis compañeritos de 2do grado en la Escuela Lafinur de San Luis les causa gracia como hablo. Soy monaguillo en la iglesia de Potrero de los Funes y vivo de lunes a viernes en la casa de una familia bien acomodada y los fines de semana en la casa de una mujer que me dijeron que es mi tia.
La que creo que es mi madre está juntando dinero trabajando como empleada de servicio doméstico cama adentro para iniciar los trámites del divorcio.
No recuerdo bien que día llegamos a esta provincia. Solo conservo como recuerdo que los reyes magos me trajeron un camioncito hasta acá. Ví el mundial de Mexico 86 y disfruté del segundo gol de Maradona a los ingleses.
Los señores me regalaron una bicicleta Aurorita roja.
Hace unos meses, la directora y mi maestra hablaban de lo largas que tengo las pestañas y yo, creyendo que era un razgo femenino, me las corté. Lloré mucho cuando creí que me iba a quedar ciego por hacer eso. Falsa alarma. Veo muy bien aún.
Los domingos, en la primer misa, finjo bostezar y contagio a todos los feligreses que no paran de hasta que el cura los reta.
Tengo algunos amiguitos y hasta le dí un beso en la boca a la hija del carnicero.
Uno de los hijos de los patrones, de quien creo mi mamá, me pelea bastante. No me presta sus juguetes. Si supiera que en mi casa de Jose C. Paz tengo más y mejores Playmoviles que los que él me mezquina se moriría de envidia. Hace unas semanas me dijo hijo de puta y por primera vez me agarre a trompadas. Me retó casi todo el mundo, pero ese pibito no me jode más.
Acá me divierto mucho en el río, saltando de piedra en piedra. A veces me empapo todo porque me caigo al agua. Subo mucho a los cerros y aprendí a montar a caballo. El que creo que es mi abuelo me regaló una yegua toda blanca con pecas. Se llama guanaca y es muy mimosa. Me preocupa. Como me la voy a llevar a Buenos Aires?
Me cambié el corte de pelo. Ya no lo tengo como Carlitos Balá. Ahora lo uso con raya al costado y la que creo mi mamá dejó de vestirme por las mañanas. Dice que ya estoy grande y que me puedo poner la ropa yo solo. Se la ve cansada y triste.
Una vecina de Potrero de los Funes me hace escuchar a Mercedes Sosa, pero me avisa que no puedo cantar sus canciones en la calle. Las escucho con unos aparatos que se ponen en las orejas.
En el invierno conocí la nieve, pero no pude jugar en ella porque me podría llegar a enfermar.
Se acerca mi cumpleaños y yo solo deseo volver a mi casa y jugar con mis amigos Martin y Jorge, con quienes a veces sueño. Falta poco para volver me dicen. Yo quiero que el tiempo pase muy rápido. Me gusta vivir acá, pero extraño mi casa. Casi no pienso en el que dice ser mi padre.
Te mando un fuerte beso y un abrazo que solo podré darte algún día, dentro de 14 años.
Todo ese tiempo es el que falta para conocerte y saber lo que me esperaste. Me contas que la familia está bien, pero yo vivo una realidad muy distinta. No sé que tengo a mis papas muertos, 3 abuelos y una hermanita que añora conocerme y que me escribe para calmar la amargura y la ansiedad.

Guillermo

10 de septiembre de 2012

Update II

Con claras intenciones de retomar la escritura es que me aventuro nuevamente a un post. Hace semanas que lo que escribo no me termina de convencer y dejo todo guardado como borrador. Han pasado varias fechas importantes y efemérides que eran dignas de resaltar, pero parece que el balero se me quedó medio seco, o será que llego a mi casa muy cansado y no tengo ganas de escribir nada. Otra posibilidad es que, al cambiar mis hábitos alimenticios -una muy correcta manera de decir que estoy haciendo dieta- y con tanto vegetal incorporado a mis comidas, el exceso de clorofila me tenga raro, no sé. Lo cierto es que uno se debe a su público, por pequeño que sea. Además, es vital pasar la imposible barrera de las 4.000 visitas y este post pretende ser una humilde excusa para lograr mi cometido.

El último post tiene una antigüedad de casi un mes. Dejé pasar el séptimo aniversario de la muerte de mi abuela Argentina, que fue el 04 de Septiembre. Había escrito algo muy triste sobre lo mucho que me arrepiento por no haber podido disfrutarla lo suficiente. No escribí nada sobre el desprecio que recibió la princesa por parte de los que asistieron al velorio y tampoco sobre el muy mal chiste que hizo, en Chacarita, al recibir la urna con las cenizas -aun tibias- de Argentina. Pero me reservo el derecho de, en algún momento, escribir sobre cómo raptó la urna y la vació quién sabe en qué lugar, con la complicidad de cierta tía que tenemos.

Lo que sí hice fue un análisis muy profundo de los sucesos previos y posteriores a la muerte de mi abuela. Llegué a la conclusión de que ese día fue un punto de inflexión para Maricel. Como digno hermano, tengo el mismo derecho que ella a razonar de manera poco comprensible y a escribir mi porcentaje de verdad en esta historia. Después de todo, mi blog reza "recuerdos elaborados según la oportunidad, el mérito y la conveniencia".

Creo que la princesa fue bastante considerada con nuestra abuela al esperar hasta su muerte para dejar claramente en evidencia su postura hacia mí. En el fondo, creo que fue lo mejor; le evitó un profundo dolor a una mujer de muchos años, que ya llevaba varios disgustos en su haber. Quince días más tarde vino la muy afamada frase:

- Tenés que reconocerme que vos y yo no poseemos la misma calidad de hijos de nuestros padres. Por ejemplo: ¿Dónde estabas vos cuando, en el '89, se estaba muriendo el abuelo José? - a fin, solamente, de justificar su caprichosa y arbitraria manera de dividir o de puntuar la "calidad de hijo".

Meses después vendrían una serie de sucesos dignos de una película de humor negro, que no me detendré a enumerar hoy simplemente por una cuestión de tiempo y ganas - pero no va a faltar oportunidad -. Hay que mantener atrapado al lector y un buen recurso parece ser hacerse el misterioso y apelar a esa cuota de inaguantable curiosidad que todos tenemos.

¿Qué más dejé en el tintero? ¡Ah!

Conocí al nuevo nieto, Pablo. Un tipo que aparenta una claridad mental extraordinaria y que se bancó todo el proceso de duda con respecto a su identidad sin siquiera compartirlo con un amigo. Perdonen la licencia, pero no es lo mismo señalar "el coraje" de una persona, que decir que tiene "unas pelotas terribles". Yo no hubiera podido aguantar todo ese proceso solo. Por eso tuve como compinche a Martín casi desde el principio.

También estuve en un juicio y pude escuchar el testimonio de otra hija de desaparecidos, que querella a sus apropiadores. Catalina (como mi nena) tuvo la valentía de contar su vida ante un tribunal e increíblemente, por más que las historias son tan distintas, tenemos muchas aristas en común. Su esposo la definió como "una leona"; creo que no se equivocó. La culpa es el condimento esencial en casi todos nuestros relatos, ¡y cómo afecta a la hora de tomar decisiones...!

De repente me encuentro hoy... ¿cómo se dice? ¡Ah! ¿Militonteando? Naaaah, a mí no me sale escribir así. Decía: de repente me encuentro hoy sintiéndome parte de un grupo de personas con historias similares y con sufrimientos vividos casi idénticos, en donde doy y recibo comprensión y aliento. Ojalá me hubiera dado cuenta antes de que ése era un lugar de pertenencia para mí y que no era exclusivo de mi hermana. Igualmente, no estuve solo todos estos años; tengo la fortuna de estar rodeado de muchas personas que me sostienen ante cualquier situación y que están cerca, a pesar de las distancias.

En definitiva: ando bien. Disfrutando a la familia -que ahora es más grande que antes, con la inclusión de nuevos tíos y primos- trabajando, estudiando y participando más en Abuelas. Se viene Octubre, un mes con una fecha fulera. Seguramente habrá más para leer que ahora, tenga paciencia.

Es todo desde acá.

Pd. ¡Tía Edith, ya tengo cámara! ¡A ver cuándo charlamos por Skype!