29 de marzo de 2013

Esa infancia (II)

Lo anterior: Esa infancia (I).

Cocina

El niño mira la televisión en su cuarto. La entrada principal a la casa se encuentra en el comedor. Se escuchan llaves y la gran puerta de metal se abre. Es él. 

El niño se levanta y todavía rengueando se acerca hacia el recién llegado para abrazarlo, esperando la golosina que siempre le trae, un Tubby 4. Ella, desde la cocina, no habla ni se mueve. No sale a su encuentro; lo espera para poder desahogarse después de todo un día de mascar rabia. Él lo sabe. 

El hombre abraza a la criatura, que se aferra de su cintura. Se agacha y antes de darle un beso en la frente, le huele el pelo. Ese gesto tan raro, casi animal, no podrá borrarse de la memoria del niño, incluso después de treinta años. Todavía hoy relaciona ese acto con algo irracional, propio de los perros. ¿Quién olfatea a un pequeño? Solo F.G..

Suspira como intentando inhalar coraje, tomarlo del aire, y mientras el niño vuelve a su pieza con su dulce, él camina hacia la cocina. Es el momento de la confrontación y tanto él como ella lo saben. Él la saluda, primero de palabra y luego intenta darle un beso. Ella lo esquiva en silencio y le corre la cara. Comienzan las hostilidades:

Ella (llevándose las manos a la cintura y a los gritos): -¿¿Y?? ¡¿Qué tal estuvo el paseo con la puta esa?!

Él (con su dedo índice en los labios, intentando callarla): - ¡Shhhh! ¡Está el nene, hablá bien! ¿Cómo la vas a llamar así?

Ella (quitándose el delantal de la cintura): ¿Y cómo querés que la llame? Ni siquiera tuvo la delicadeza de no ponerse perfume. ¡Apestás al perfume de esa atorranta! ¡Y lo hace a propósito, para que yo me dé cuenta, para que yo tenga la seguridad de que mi marido me engaña con una puta! ¡Y encima no es cualquier puta, es la gran puta, el gran yiro del barrio! (le arroja el delantal en la cara) Y yo mientras tanto acá, limpiando la casa, ocupándome del nene y sacando la mugre de tu ropa... ¿Qué mierda hago yo lavando y planchando tu ropa? A partir de ahora, que te atienda tu hembra. ¡Vamos a ver si es tan buena para lavar y planchar como lo es para cogerse a maridos ajenos!

Él (fingiendo sorpresa): - ¿Pero de qué hablás? ¡Estás loca!

Ella (sonriendo y levantando ahora más la voz): - ¡Ahhhh! ¿Ahora yo soy una loca? Bueno, ¡la loca se cansó! ¡Se pudrió! ¡Mandate a mudar de esta casa! Dejame con mi hijo. ¡No quiero pasar un minuto más con un turro como vos, con un hijo de puta! - (se va acercando a él) 

El niño dejó hace rato la televisión, aunque todavía está masticando su dulce. Busca desde su cuarto, pero no ve a nadie; sólo se oyen gritos. De repente, junto con la última frase que ella grita, ve aparecer la figura de F.G. retrocediendo y los brazos de T.J. empujándolo a la altura de su pecho. Él se frena. Ella se acerca; el niño puede verla. F.G. es diestro y años atrás había practicado boxeo. Levanta ambos brazos: el izquierdo queda con el puño cerrado a la altura de su nariz, en guardia; el derecho va a parar directamente a la nariz de T.J., que no puede hacer nada para evitarlo.

Ella se toma la cara con ambas manos, las separa lentamente y en las palmas puede verse un gran manchón rojo. La sangre brota desde su nariz. Llora.

Él (enojado): ¿Ves? ¡Es todo culpa tuya! ¡Mirá lo que me hacés hacer, tan feliz que venía yo!

El niño (asustado): ¿Mamá?

Ella (llorando y limpiándose la cara): - ¡Feliz de que te vivan! ¡Si esa yegua, lo que quiere es tu plata! La única tarada que estaría con un negro ignorante como vos, que no sabe usar el bidet para limpiarse el culo, soy yo. ¿O pensás que va a dejar a su novio por alguien como vos? ¡Pero ésta me la pagás! ¡Yo te meto una denuncia!   

Levanta el delantal del suelo y se limpia la cara. Camina con la cabeza hacia atrás y pretende dirigirse a la pieza, para calmar al niño. Pasa cerca del él, que se encuentra en un estado intermedio entre la furia y la vergüenza. Furia porque sabe que no dá la talla, que es un don nadie comparado con el novio de su amante; no tiene ni la pinta ni los modales de ese tipo, es rústico y menos ocurrente y, en el fondo, sabe que la única diferencia entre ambos, en donde él tiene ventaja, es en la billetera. Vergüenza, porque una denuncia significa pedir un gran favor para que su legajo se mantenga pulcro para el próximo ascenso. No puede permitirse "patinar" y ver pasar un nuevo grado por una simple denuncia. 

La toma de los pelos con ambas manos y la zarandea violentamente para soltarla con bronca hacia el comedor. Ella no cae, pero se tambalea asustada mientras encuentra la mirada del niño, que está a punto de romper en llanto. La escena se desarrolla casi en silencio, sino fuera por el barullo incomprensible que sale de una radio AM. 


Él se da vuelta, toma el aparato, que se encuentra en la mesada, y lo desenchufa de un tirón. Lo sostiene sobre su cabeza. Ella sigue caminando hacia el cuarto. El niño llora, arrodillado en el piso de madera. Ella lo alcanza y lo abraza para calmarlo mientras continúa sangrando. Se oye un gruñido y de repente un golpe. La radio impacta en la pared del comedor, justo a unos centímetros de la puerta de la pieza y se desarma por completo. 




(Todavía hoy, recuerdo esa radio y su partes desparramadas por el piso del comedor)


22 de marzo de 2013

Palpitando un festejo

Dentro de unos días, más precisamente el catorce de abril, el blog va a cumplir un año. Donde inició? Con este humilde y sencillo post: (ahora, queridísimo/a lector/a debe hacer click aquí para leerlo).

Está cerca la fecha y el sitio lleva más de 9.000 visitas. Sencillamente gracias!

No les voy a negar que en principio solo pretendía tener la posibilidad de ejercer mi derecho a replica, pero lentamente el color de los diferentes post fue variando, como los fieles seguidores han podido apreciar. 

No olvido las criticas constructivas y he intentando no caer irremediablemente en la tentación de escribir sobre un solo personaje. A veces resulta imposible. 

Los comentarios hacen más fácil seguir escribiendo y también pueden despejar dudas. Hay gente que retweetea y comparte cada nuevo post o promociona a su manera el sitio. Tengo dos editoras de lujo, que corrigen entre otras cosas mis acentos. Gracias también a ustedes. 

Que desea el maldito bastardo como regalo de cumpleaños de su blog? Yo se que ustedes se están haciendo esa pregunta en este preciso instante desde el otro lado de la pantalla de su monitor o del celular, no lo nieguen. Los conozco.

La verdad? Con que el sitio alcance las 10.000 visitas me alcanza y me sobra. Nada extravagante ni imposible y tampoco algo que ofende la moral o se aparte de las buenas costumbres. Solo eso.

21 de marzo de 2013

Del otro lado del vidrio

Salió de clases. Saludó a sus compañeros y enfiló hacia la esquina.

Desde hace un tiempo tiene por costumbre mirar las caras que va cruzando en su camino. Mira sin ver, tratando de encontrar algo que le llame la atención. La gente en la ciudad parece moverse como arrastrada por una fuerza invisible y sin oponer resistencia; se deja llevar. De vez en cuando mira cómo cruzan la calle los autos y a veces las motos. En otras oportunidades, cuando la estructura lo permite, mira hacia adentro de los bares. Si hay algo que sobra por esos lugares son bares y dentro de los mismos hay desconocidos que hacen lo mismo que él: miran sin ver.

Estaba llegando a la esquina. Este bar tenía unos amplios ventanales de vidrio. Pasó por el primero y miró; nada interesante. Un tipo distraído lo empujó; él se acomodó la mochila y retomó el paso, aprovechando para ver cómo, a través de la ventana siguiente, un tipo grande hablaba con una mujer. Y estaba por seguir su camino cuando el rostro femenino le llamó la atención. La conocía. Era ella: Maricel. 

Paró. La observó detenidamente. Ella hablaba, gesticulaba moviendo las manos y sonreía.  Él también sonrió, involuntariamente. No con una sonrisa completa, como la de Maricel, sino más bien una mueca, una media sonrisa, aunque genuina. La forma en que ella movía las manos al hablar le parecía familiar, se sentía identificado.

Hacía mucho tiempo que no veía su sonrisa. Había visto fotos bastante actuales (más que las que él tenía de ellos dos juntos, en las que ella sonreía), pero era distinto verla en movimiento y no en una pantalla. Por más que los separase un espeso vidrio, esto era mejor que la última vez que se habían visto frente a frente. Reconocía sus gestos. Podía leer sus labios. 

Entendía que era mejor seguir, pero no podía. En el fondo quería entrar, interrumpirla y saludarla, pero sabía que no es una posibilidad. No aun. No hoy. Seguía estático. Decidió que lo mejor sería que ella también lo viese. Sólo un metro los separaba: nada, comparado con la veintena de años que antes los alejó y a la vez mucho, teniendo en cuenta todo lo vivido en el último lustro. 

La miró fijo a los ojos, esperando a que ella percibiera su mirada. Maricel lo ve y automáticamente desvía la vista. Es como si hubiera visto una aparición.

El maldito bastardo gira la cabeza pero no deja de mirarla y por fin, da un paso. Luego otro, y se aleja contento. 

8 de marzo de 2013

Stairway to hell


Normalmente las escaleras me fastidian. No es novedad alguna que estoy con algunos kilos de más. La única excepción es esta. No da fastidio, pero sí un nudo en la garganta:





La imagen muestra la escalera principal del Casino de Oficiales de la Ex ESMA. Como pueden observar esta escalera solo te lleva arriba (luego de que anularan las escaleras al sótano, que está disimulada con ese armazón de madera que ven a la derecha de la imagen). 

Hoy, al visitarla nuevamente, pensé: 
                                                                 -Esta escalera que solo te puede llevar hacia arriba, en realidad te sumerge en un atroz infierno.

Luego me encontré haciendo el esfuerzo de no pensar en nada y al rato mi único interés era que la atmósfera húmeda no se apodere de mi.

Todavía se sufre dentro de esos muros aquel dolor añejo. 

3 de marzo de 2013

Incongruencias

Una personita me hace notar que existen incongruencias a lo largo del blog. Cuales? Se podría preguntar el lector fanático que ve todo divino y perfecto en mis escritos magistrales...

En realidad esa personita tiene razón, tengo un serio problema al escribir del pasado. Soy el Maldito Bastardo pero hay que determinar en que momento nace este alter ego y es por obra y gracia de Maricel, quien me privilegiara con este noble titulo ante la incapacidad de llamarme por el nombre que me pusieron mis apropiadores: Guillermo.

Y que pasa con las memorias que datan de antes de conocer a Maricel? Que hay de esos 21 años de vida? Cual es el nombre? Simple: Guillermo.

Y previo a  eso? Cuando mi mamá, todavía exhausta, le pide a Magnacco que antes de cortar el cordón umbilical me apoye en su pecho? También es sencillo: Rodolfo.

Y quien rayos sos ahora? Se preguntará el ya confundido lector. La respuesta es fácil: (hasta escribí un post anterior sobre esto) soy Guillermo Rodolfo Fernando Pérez Roisinblit.

Nunca debería haberme llamado Guillermo. Jamas. Yo tendría que haber renegado desde chico del nombre Rodolfo. No pudo ser. No me dejaron.

Cómo ser G.R.F.P.R. y empezar desde cero a los veintiún años? En ese caso hoy solo tendría doce y muy próximo a cumplir trece. Esta teoría le vendría perfecta a Maricel, ya que en algún mail por el 2001 me dice "Yo te parí de la oscuridad a la luz de la verdad" (un poco bizarro, pero a esta altura eso es normal). Tener doce años no estaría nada mal. Así podría justificar de una mejor manera mis caprichos y alguna que otra conducta infantil.

Y Guillermo Francisco Gómez? Que fue de él? Se murió? Desapareció? Otra vez? Cuantas veces va a desaparecer este muchacho? Oficialmente él, G.F.G., fue declarado nulo de nulidad absoluta en el año dos mil cuatro, a la edad de veinticinco años. Me detengo en la escritura. No puedo evitar ponerme serio al notar que en el septiembre del dos mil cuatro tenia la misma edad que mi papá al momento en que fuera secuestrado.

Retomo. Trato de volver al hilo del post. Me estanco. Hasta aquí todo se había escrito de manera casi automática y sin pausas. Ahora cuesta.

Lo que pretendo es que entiendan que no existe el presente sin aquello que lo sustente previamente. Eso es el pasado. Y mi pasado tiene hechos que hicieron que mi nombre cambie en dos oportunidades en un cuarto de siglo. Hoy no podría estar escribiendo, contando y viviendo de la manera que lo hago sin esos hechos. TODOS ajenos a mi voluntad, pero no por eso intrascendentes.

Guillermo Rodolfo Fernando Pérez Roisinblit (o el maldito bastardo) es el resultado de la suma de esos hechos. Es Rodolfito, el del sótano de la ESMA en el pecho de su madre y es Guillermo Francisco (como su apropiador) Gómez. Ese que no buscaba su origen y al que tanto le costó aceptar su historia. No hay posibilidades de ser hoy, sin haber sido ayer. Algo rebuscado, lo sé y me disculpo. No es moco e´pavo explicar y que ustedes entiendan. O sí?

En el post anterior relato una secuencia a mis cuatro años. Y me tuve que definir como "el niño" ya que no encuentro una manera de diferenciar que ese recuerdo no remite a la época posterior a mi restitución, sino que es previo. Y la pregunta que ronda en mi cabeza es: Quien fui? Y eso es lo que voy a tratar de resolver. Como defino a ese niño desde los tres días de vida hasta el veintiuno de septiembre del 2004?

Se aceptan sugerencias.