9 de octubre de 2013

Lo que se hereda

De vez en cuando se me da por mirar en que anda Maricel. Le espío el twitter y su blog. En facebook no puedo. Me tiene bloqueado.
Hace un par de meses, cuando estaba curioseando, me encuentro con mi hijo al lado de la computadora.

Nacho: -Esa es tu hermana?
Yo: -Si. Es tu tía.
Nacho: -Ahh! Y están peleados?
Yo: -Si. Hace tiempo.
Nacho: -Y le pediste perdón?
Yo: -Si.
Nacho: -Y te perdonó?
Yo: -No.
Nacho: -Y ella te pidió perdón?
Yo: -No. Esta enojada.
Nacho: -¿Conmigo también esta enojada? ¿Por eso no me viene a ver?

¿Que se le contesta a un nene de 5 años que pregunta por la ausencia de su tía? Mi hijo es una criatura que sabe lo que es sentir los vacíos que deja la gente que no está. Lamentablemente creció viéndome sufrir por mis padres pero ellos no están porque no se lo permitieron, porque alguien jugó a ser Dios y les arrebató la vida. 

Yo: (Tragué saliva como pude) -Tu tía vive lejos, en otro país. No puede venir a verte seguido.
Nacho: ¿Muy lejos?
Yo: -Si. Ademas te vino a ver tres veces. ¿Queres volver a ver las fotos?
Nacho: -¿Yo era bebé?
Yo: -Si.
Nacho: -Bueno.

Al menos Nacho tiene fotos con ella. Catalina ya tiene tres años y aun no la conoce.

El heredó el enojo. Ella el desprecio.

Al menos mis padres estarían si pudieran.

8 de octubre de 2013

Invisible

Pasó otra vez. Todos los años es lo mismo. La fecha se me viene encima, sigilosa, para darme un golpe de tristeza.
Mis 6 de octubre no son fáciles. Representan el principio del fin de mi familia. Es un hito que tiene solo esa fecha como cierta, cuando todo lo demás es niebla.
El primer 6 de octubre de todos, era secuestrado mi papá, desde su comercio, por un grupo de tareas. Un rato mas tarde mi mamá -conmigo dentro de su vientre- y mi hermana, corríamos la misma suerte.
Maricel iba a contar con una ultima posibilidad que le daba mi mamá y el destino: la dejan en la casa de un primo. ¿El resto de nosotros? Desaparecemos.
La noche del 5 de octubre del 78 fue la última que pasaríamos como una familia normal.
¿Por qué es tan jodida esa fecha? A partir de ese momento nadie tiene datos precisos. Lo único verdadero es que hasta unos días después de mi nacimiento, mi mamá estaba viva. ¿Qué pasa luego del 15 de noviembre del 78? Nadie puede especificarlo. ¿Papá estaba vivo? ¿Llegó a conocerme? ¿Volvió mamá a la R.I.B.A conmigo? ¿Cuando, como y donde los mataron? ¿Quien? ¿Donde fueron arrojados sus restos? Ni una sola respuesta después de 35 años. 
Inmerso en estas preguntas estuve todo el día de ayer. Es imposible dejar de pensar en nosotros, lo que fue y lo que pudimos haber sido. 
Hace años que intento escribir conjuntamente con mi abuela un recordatorio sobre mis padres en Pagina/12 para estas fechas. Lo intento pero no lo consigo. Ella se ocupa por su cuenta pero tiene el gesto de nombrarnos a mi hermana y a mi, recordando a nuestros padres, en ese cuadradito. O al menos lo tenía.  
Ayer, como siempre, hubo recordatorio en el diario:


Como pueden ver, falta alguien en la firma. Alguien está ausente. Invisibilizado. Desaparecido. Soy yo. 
A veces pienso que mi abuela y mi hermana serían felices si yo aun no hubiera sido encontrado. ¿Qué otra cosa se puede pensar sino?  
Lo siento mucho. Yo no soy como esperaban que fuera. No tuve un proceso corto de aceptación de mi historia y padecí una negación importante los primeros años. Hay algo que debo decirles: no fue mi culpa.  
Miro la foto de mis padres mientras escribo esto y pienso. ¿Que pasaría si ellos estuvieran vivos? ¿Sería capaz mi abuela de cometer tal desprecio? No lo creo. ¿Que clase de personas, en un día con tal significado, es capaz de ingeniar un acto de despojo tan vil? 
Habla mal de ellas como madres: Mi abuela rechaza al hijo de su hija y mi hermana -como futura mamá- menosprecia a quien nace de las mismas entrañas que ella.  
Imaginemos un futuro improbable: ¿qué sucede si mi sobrino no le agrada a su mamá? ¿Lo tira al tacho? ¿Lo trataría con desdén? Quiero creer que no. 
Yo no voy a permitir que ahora, después de tanto tiempo, sean mi abuela y mi hermana quienes me hagan desaparecer de la historia de mi familia de nuevo. La vez anterior nada estaba en mis manos para torcer mi destino. Me llevaron como feto los militares. Sobreviví y así pude cumplir con el último deseo de mis padres. Hoy no soy una criatura indefensa. Hoy puedo gritar y pelear por mi lugar. No va a ser mi propia sangre quien me arrebate mis raíces. Nadie me va a volver a invisibilizar. Nunca más. 

Ser hijo no es publicar un recordatorio en un diario, para caretearla, una vez al año. Ser padre tampoco. Una (mi abuela) ya olvidó como ser madre y otra (mi hermana) todavía no lo sabe. Yo las ayudo desde acá. 

Nunca más.