21 de abril de 2014

Un tango

Volví. En algún momento tenía que volver. Como el delincuente vuelve a la escena del crimen, el maldito bastardo vuelve a escribir. 

No han sido meses fáciles. Por mi cabeza andan sin parar vendavales y tormentas que no terminan de juntarse para desencadenar el diluvio que irremediablemente se avecina. Hecho mano a una metáfora para hacer más romántica mi realidad: estoy demasiado triste, tanto que ni ganas de escribir tengo. 

No han sido pocos los que me recetaron que libere angustias a través de la escritura, pero es más difícil ahora que antes. Si tan solo pudiera concentrar en una sola lágrima toda la amargura contenida, sería mas sencillo. Tengo miedo de llorar pero más miedo tengo de no poder parar de hacerlo. Sé que siempre que llovió paró y que los días no son lo suficientemente largos para desahogarme más de veinticuatro horas seguidas. Pero eso no termina de convencerme.

El problema no sería "disfrutar" de un episodio así, sino los antecedentes. Puedo contar tres ocasiones en estos catorce años: 
a) cuando entendí que mi apropiadora iba a quedar detenida, en el 2001;
b) el 15/11/04, cuando me estigmatizaba repitiéndome una y otra vez que con mi nacimiento firmaba la sentencia de muerte de mi mamá;
c) cuando, en septiembre del 2005, muere mi abuela paterna. 

Llorar de esa manera me aterra. Significa que estoy -o me siento- absoluta y completamente vulnerable, como en aquellos años. No puedo volver allá. No otra vez. No ahora. 

Ya no soy un pendejo. Peino canas, tengo hijos. Estoy grande y soy responsable de la familia que supe construir con mi esposa. Por que ahora? Por que de nuevo?

El almanaque no ayuda. Las "actividades" pre y post 24 de marzo fueron erosionando ese escudo que tan bien me había construido para no sentir nada. Y este año sentí mucho. 

Volví a la R.I.B.A. (el lector frecuente sabrá que significan las siglas, el resto deberá googlearlo anteponiéndole CCD) y esa vuelta me aplastó. Fue tan fuerte la experiencia que puedo resumirla con el título de un futuro post: "la palta y la colchoneta" dos palabras que a cualquier mortal le costaría conjugar en una sola oración, pero yo no soy cualquier mortal. Soy el maldito bastardo y ustedes deberían estar acostumbrados ya a mi historia y a que en ella nada es, lamentablemente, común. 

La fricción con mi abuela ha alcanzado una meseta. Desde el momento en que me enteré por alguien extraño que Maricel iba a ser mamá, pasando por la peculiar forma de ver el cumpleaños de su nieto y el trabajo de hormiga que tuve que hacer para enterarme del nacimiento de mi sobrino, hasta hoy... nada ha cambiado. Ella alega que se encuentra indefectiblemente en el medio de la guerra entre sus dos nietos, pero, -según mi modo de ver las cosas- desde su pasividad o sus gestos es mucho mas que alguien neutral. En una guerra hay dos actores que se enfrentan. Yo no me enfrento a nadie.

Y se acerca el día cero y su remembranza me lleva al 2000 de los pelos. A la rastra. Miro aquel Guillermo y es tan distinto al de hoy, que lo desconozco. Ni siquiera ubico el momento exacto en que estuve a mitad de camino entre quien era y quien soy. Hay un sinfín de cosas que hubiera resuelto de manera diferente, si allá,  hubiera tenido las herramientas que tengo acá.

Hay días que se soporta muy bien ser bastardo. Tengo muchas personas que me van a sostener cuando una efemérides intente vapulearme. Será cuestión nada mas de dejarme ayudar. Hoy no estoy tan indefenso.